jueves, 2 de febrero de 2012

Un día en el circo


Cerro Puerco. Es curioso que, en ambientes coloquiales, al Cerro Puerco se le denominara “Cerro Hueco”. Se debía a la existencia de glorias debajo de algunos parapetos (no hay precisión de cuantos, se supone que 3 o 4). En estos parapetos solían dormir los soldados para evitar el frío invernal sin que la luminosidad de la lumbre pudiera delatar sus posiciones.



Domingo 29 de enero de 2012. No empezó bien que digamos el día de ayer, entre unas cosas y otras salimos tarde, pero acabamos con unos 45 km en las piernas que pesaban como si fueran 46 "u" más, una barbaridad.
Empezaba el día con un soniquete metálico del disco de freno por mi parte, unas gestiones telefónicas de trabajo por parte de Juan (qué raro) y un resbalón de Roberto viniendo desde Palazuelos por carretera. Nos cuenta que en el puente se le ha ido la rueda de delante y ha salido patinando por un lado la bici y por otro el biciclista. La bici como nueva, el biciclista con un siete en la chaqueta, nada que un zurzido no pueda arreglar.
Salimos ateridos por el frío, buscando el aliento del Sol, hasta que lo perdimos.


Es increíble, cuando te viene una ola de frío de estas te pones a pensar: no es de extrañar que hace 2.000 años los egipcios tuvieran una figura divina asociado al Sol. Cómo cambia la cosa, de sentir los rayos de sol acariciándote a notar su falta y ser azotado por el viento. No se cómo pueden sobrevivir los Noruegos, por ejemplo. Bueno, a dejarse de teología y a dar pedales. Vamos en busca de la cacera del cerro del Puerco, que tanto nos gustó. 


Este camino es bastante entretenido,
no tiene un gran desnivel pero vas subiendo


no es muy técnica tampoco, pero tiene su dificultad


 el paisaje es precioso, en algunos tramos


y si tienes la suerte de ver un gnomo o un troll, tiene su encanto.


Habrá que repetir. Una vez que pillamos pista asfaltada empieza un rompepiernas que cada vez odio más. Un constante sube-y-baja que no te permite coger el ritmo, sin embargo, esta vez estaba aderezado con algo de nieve, lo que le hace más atractivo.


Por la hora que se nos ha hecho, no nos va a dar tiempo a subir a Cotos, pero a ver hasta donde llegamos.
Los primeros tramos del camino viejo del Paular sin rastro de nieve, a la sombra de los pinos (como muy bien cantara María del Monte), sin nieve y nos cruzamos con el corzo Usain Bolt, que en lo que tardas en levantar la cabeza del suelo ha desaparecido. 


Viendo que no hay tiempo para hacer cumbre, nos damos la vuelta y paramos en un claro a comer algo.
Aquí es donde empezó una bonita mañana en el circo: pasen y vean señores y señoras.

El contorsionista intentando entrar en una prenda diez tallas más pequeña,


 un oso pardo recién salido de la hibernación,


y los malabaristas, les falta el cable a 50 metros sobre el suelo.


Nos cruzamos con cuatro mono-ciclistas a los que habían robado la otra mitad y bajaban con una rueda, 2 pedales y un freno (ojo, donde llevan la maneta del freno, si te equivocas de palanca puedes quedar castrado).
Y lo peor no es que bajaran montados, es que se tiraron campo a través grabándose unos a otros. Iban muy bien preparados eso sí y se les veía que dominaban el tema del equilibrio. Lo dicho, estos en el gran circo Mundial triunfan.


Pues viendo cómo estaba el percal, a nosotros nos dio por buscar un camino alternativo a la pista del Paular, junto al arroyo que lleva el mismo nombre, pero no dimos con huellas. Media vuelta y a correr que ahora sí que llegamos tarde.


Bajada por la Canaleja, que anda hoy preciosa (nota mental: hay que hacerla algún día de subida para apreciar de verdad esta vereda), con el barro justo y necesario, incluso para aquellos que cruzaron por el puente.


Ya puestos, volvimos por la radial del pinar, para seguir rodando bien rodeados.


Ya en el carril bici nos encontramos con los Kamorkas que volvían cabizbajos por la ausencia de los jovencillos del clan, nada que no puedan curar con unas chuletitas de esas que se meten entre pecho y espalda.
Y así llegamos a Segovia, con el viento en contra y el inicio de ese frente frío que dicen que va a barrer toda la península esta semana.


Esto es todo amigos

jueves, 26 de enero de 2012

La Vuelta a los Jardines

El domingo no hubo salida en bici, pero Juan, inquieto él, se fue a dar una vuelta por los Jardines del Palacio de La Granja. Ese es su terreno y así lo demostró. Hizo top 100, dejando bastante alto el pabellón.

Campeón!!
Aunque para campeones el que viene por detrás en pantaloncillo corto y camisetilla de verano. Tiene que ser de Valsaín, o no hacía tanto frío como nos quiere hacer pensar la indumentaria de Juan.



miércoles, 18 de enero de 2012

Gambada 2012


Gambada. No señores, la Gambada no es un baile prohibido, ni una postura para la "caidita de Roma", ni la peculiar danza de la gamba que se hizo famosa gracias a Florentino y sus Tonterías las justas.

La Gambada a la que hoy nos referimos conmemora este año su segunda edición y tiene su origen en una de esas arraigadas y profundas tradiciones gastronómica Segobiker como colofón a las fiestas navideñas.
El evento tiene lugar, a principios de año en el afamado Restaurante Sala de Guadarrama, donde a modo de comida de hermanamiento damos debida cuenta de unos cuantos kilos de estos crustáceos, después de haber realizado el esfuerzo titánico de llegar hasta allí dando pedales. 



 "Las gambas son la fruta del mar, pueden hacerse a la brasa, cocidas, al horno, al vapor, salteadas, se pueden hacer pinchos de gambas, gambas criollas, guiso de gambas, gambas fritas, rebozadas, sofritas o gambas con piña, gambas al limón, gambas con mango, con pimientos, sopa de gambas, en estofado, en ensaladas, gambas con patatas, hamburguesa de gambas,sándwich de gambas y… creo que eso es todo"

Bubba a Forrest en "Forrest Gump" (1994)


Sábado 14 de enero de 2012. Fecha señalada en rojo en nuestros calendarios. Desde hace más de un mes que estaba planificado este evento para cuadrar agendas.
A las 9 y poco de la mañana allí estábamos los clásicos: Roberto tan puntual, Juan Carlos que vino motorizado como yo, y Juan, que llegó sudando.


Foto de grupo antes de dar comienzo la salida de la II edición Gambada 2012.


¡He dicho foto chavales!, dejad los móviles, mirad a la cámara y meted barriga.


El día amaneció despejado y helado. El suelo crugía en las primeras pedaladas hacia el camino de Santiago y nos costaba entrar en calor. Yo llegué a ver -3ºC en el salpicadero del coche, pero sería broma, no creo que estuviéramos a menos de -2ºC y al sol no le habían dado al botón de encendido en nuestro camino.


Con estas temperaturas Juan Carlos parece que se le encogen las piernas. A los demás también, pero lo vamos disimulando para dar ánimos. Hay apuestas por el número de salidas que hará Juan Carlos este invierno, después de haber pasado una noche de Rock'n Roll en Pucela y de la equipación invernal que han traído sus majestades, seguro que la nieve le va a gustar.


Al fondo Segovia empieza a desperezarse y se aleja la niebla, mientras nosotros ya llevamos una "kilometrada", por el cordel de Santillana a punto de llegar a la fuente de San Pedro.


El sol hizo su aparición estelar en momentos determinados: calentaba, se escondía tras las montañas, aparecía detrás de un árbol, se volvía a esconder... pero a mi ya me daba igual. Soy hombre de sudor fácil y a esas alturas ya estaba calentito.


Las primeras rampas ayudan a des-anquilosar las piernas, falta nos hace. Yo además llevo el corazón desbocado, esto de adelantarse para tirar una foto y que te salgan a rueda no ayuda.


Juan, conocedor del paisaje y del "yo-si-eso-voy-tirando", también había entrado en calor y ya no paraba en los lugares estratégicos a posar para la posteridad.




El resto de la subida por la fuente de los pastores y cordel de Fuenfría a un ritmo que hace aparecer los pinchazos en la rodilla de Juan Carlos, síntoma inequívoco de una maldita condromalacia. Mira que se lo tengo dicho, que eso de correr es de cobardes, mejor pedalear a ritmo.
Llegando a la Fuente de la Reina de nuevo se deja ver el solete, ideal para ponerse moreno.


Subimos por la pista para no encabritar más al bicho de la rodilla. Según avanzamos parece que el ritmo aumenta, hasta que damos con la competencia de Toñi y Remi, unos risueños senderistas que desde Cercedilla llevan a cuestas y por tramos el tubo de la estufa del refugio de la Camorca, menos mal que sigue habiendo buena gente...


Íbamos recordando los 25 cm de nieve que encontramos el año pasado en esta misma travesía, este año se ha hecho esperar pero por fin, al día siguiente cayó una buena. A ver si aguanta 15 días la nieve, que este fin de semana me quedo en Madriz y sin bici.
 Llegada a la Fuenfría al sprint y en romería, un clásico.


Había en el puerto una muchedumbre que se habían enterado de nuestra llegada y estaban apostados esperando el "strils-tis". Juan no podía defraudar a su público.
Después de comer algo y con una temperatura que haría buscársela al mismísimo Nacho Vidal, el Corzo deleitó una vez más a las chavalas y chavales. Se dejó las gafas para no ser reconocido, pero para el que no lo sepa todavía, era el bribón de Juan.


Ibamos con adelanto sobre el horario previsto, así que optamos por el plan B, bajar por el Camino Viejo. Pero antes debíamos pasar por un punto negro. La conocida hasta la fecha como "bajada-donde-se-cayó-Rober-en-la-calamares" tenía que cambiar de nombre. Esa espinita que lleva Roberto clavada desde hace meses salió por fin.


Viéndolo con calma y desde la sabiduría que da el paso del tiempo, está claro que hubo una piedra que se cruzó ese día y fue a por Rober, le hizo una llave de yudo y viendo que no caía se fue contra la rueda de alante y le apalancó, saliendo catapultado. Que las rocas tienen vida propia, si no que se lo pregunten al capitán del naufragado Costa Concordia.
Esta es la maldita piedra y si no es esta, es una prima hermana. Con qué ojos de mala nos miraba!


El resto de la expedición también bajamos por la ya consagrada como"bajada-donde-se-cayó-Rober-en-la-calamares-pero-volvió-a-pasar-sin-problemas".


Como es habitual en estos casos, paramos a guardar un minuto de silencio, rezar un Padre Nuestro y un beso al suelo ya sagrado.


Continuamos por este tramo de la vía XXIV de Antonino, señalizada con sus hitos correspondientes, hasta enlazar con el camino viejo, que deja a la izquierda el valle del Arroyo de la Fuenfría.


En la vertiente madrileña tenemos nubes, aquí tampoco vamos a tener sol. Desde esta vertiente el paisaje que de vez en cuando se deja vislumbrar es precioso.


El inicio de esta senda es una trialera bastante técnica, con mucha piedra y algún escalón. De vez en cuando nos cruzamos con senderistas que suben o se quedan a un lado descansando de la paliza que supone subir hasta aquí. Como dice Roberto, este es camino de sentido único: el de bajada. Que se lo pregunten a los Sherpas que alguno tendría que ser multado por subir por dirección prohibida.


El camino es divertido, hay que cruzar algún arroyo, para desgracia nuestra por un puente, yo que quería un poco de barro...


Algún tramo de los de bici al hombro también hubo, para no defraudar a Juan Carlos.


También montábamos en bici de vez en cuando, sin dar pedales eso sí.


Llegando a las Dehesas el camino se convierte en pista y es entonces cuando uno se acuerda de lo que es dar pedales y cómo se cambia de plato y esas cosas. Cuesta volver a hacer funcionar los pistones después de una bajada.


El día nos está respetando. Se han abierto unos claros y el paisaje ha cambiado. Se ve Madriz a lo lejos con su peculiar sombrero de "ceodós". La temperatura es más agradable.


Por estos caminos la dificultad del día consiste en seguir bien el track, dando la vuelta de vez en cuando para recuperar la ruta. Algo incómodo sobre todo porque has de ir mirando el móvil, quitarte el guante, parar y todas esas cosas.


Saliendo de Cercedilla comienza a soplar algo de viento de cara y a Juan le da por ponernos en fila india y capturar esta bonita instantánea. De Juan Carlos se aprecia la sombra.


Llegando a uno de los cruces divisamos la ermita de la Virgen del Espino, hasta donde subimos Juan y yo a poner unas velas y a disfrutar con las vistas desde este cerro.


Y a partir de aquí dejé de mirar el track de la ruta y nos dejamos guiar por la intuición. Cuando parecía que llegábamos a Guadarrama, aparecimos en Los Molinos, después de haber dado una bonita vuelta por los alrededores. Decidimos terminar un año más por carretera, quedaban 3 kilómetros y tampoco era cuestión de llegar tarde, además mi estómago ya iba cantando "gaaaammmmbaaassss, gaaaaammmmbassss" así que carretera y manta.
Antes de la foto para el recuerdo, parada técnica en la gasolinera para limpiar el poco barro que llevaban las bicis.


Cuando entramos en bici al emporio que ha montado el señor Salasss, el vigilante casi salió a saludarnos. Ya  le dijimos que teníamos reserva y accedió a echarnos unas fotos ¿hay alguien que se ha dejado la indumentaria oficial? Bueno, queda exculpado.


Luego fuimos al polideportivo, sincronizados al minuto con las mujeres, encargadas de la logística y las mochilas que nos dejaron para ducharnos y cambiarnos.


Y después de una ducha reponedora, comenzó el festín. Decir que las gambas allí tienen un tamaño medio, ideal para comerte medio kilo sin enterarte y además están cocidas en un punto que resulta muy sencillo pelarlas. Una vez que comenzamos no hubo tregua hasta haber finalizado con todas, son como las pipas, hay que pelarlas, tienen el toque de sal y son un auténtico vicio.


Este año echamos de menos a Dani, que encima perdió su partido de basket, pero ahora mismo mi tímpano agradece su ausencia. Para la próxima salida no habrá homenaje Dani, quedas advertido, esto no se puede repetir todos los días.
Cuando salimos era noche cerrada, pero nos dio tiempo a hacernos la última foto de familia.


El año que viene ¿repetimos?



Track de la ruta


miércoles, 11 de enero de 2012

¿No habéis salido este año?

Pues sí, hemos hecho un par de salidas, pero desde principios de año estoy de mudanza y me he quedado sin "internete" en casa, así que no dispongo de medios, ni de tiempo ni de ganas para publicar nuestras andanzas, sobre todo después de transportar los enseres personales. 


A ver si para la semana que viene al menos tengo teléfono en casa...