martes, 9 de noviembre de 2010

Párvulos por el Pinar de la Acebeda

"Producen los ejemplares femeninos un fruto carnoso, de un color rojo brillante o amarillo vivo, que madura muy tarde, hacia octubre o noviembre, y que permanece mucho tiempo en el árbol, a menudo durante todo el invierno. Contiene en su interior 4 ó 5 semillas, que no germinan hasta el segundo año, en caso de ser ingerida por algún ave como el mirlo."
Fuente Wikipedia



Juan y Roberto querían ir a la quedada otoñal de Nava, pero el sábado tenemos juerga nocturna y el madrugón del domingo nos sienta mal, decidimos salir el sábado.
Sábado 6 de noviembre. Hoy sí hemos acertado con el tiempo (el climatológico, claro). Gracias a que Elena no trabaja hoy, Roberto, Juan y yo hemos adelantado la salida al sábado: temperatura entre 8-18ºC y un cielo azul totalmente despejado. Juan viene mostrando pantorrilla, un modelo demasiado atrevido para las fechas en las que estamos, pero con este día será el triunfador de la jornada. Son las 9.00 y a mi me empieza a sobrar ropa.


Disponemos de tiempo así que cogemos Cañada Real dirección Revenga, rodeamos Cabeza Grande y escuchamos los primeros tiros de los amantes de la cinegética. Esperamos no ser confundidos con peligrosas perdices o malvados corzos, aunque con la velocidad que ha impuesto Rober difícil que nos puedan apuntar.  


A estas alturas vamos sudando. Empezamos a ganar cota a la vez que el paisaje comienza a mostrar su gama cromática, pero hoy el azul del cielo nos hace disfrutar más de la ruta, incluso Roberto se lanza con versos y coplillas, creo que la próxima crónica va de su parte. 



Tomamos el camino de Santiago o cordel de Santillana, para continuar con la subida a la Camorca por la cara norte. Tenemos que echar pie a tierra y continuar con la bici andando en un par de tramos, pero la llegada a este cerro como siempre, ha merecido la pena. 


Las vistas desde aquí son de 360º, se ven los restos de las primeras nieves en Peñalara, Bola del mundo, Siete Picos, Montón de Trigo y la Mujer Muerta. Hemos elegido uno de los mejores sábados del otoño para disfrutar de este paisaje mientras reponemos fuerzas con frutas, huesitos y otras golosinas.


Hemos desvirgado a Rober en un cerro más, así que entramos a firmar en el libro de visitas del refugio.



Nos encontramos allí arriba con 2 bikers que han subido desde Valsaín pero por la cara sur, más accesible salvo los últimos 50-100 metros que están más descarnados.
Detalle de las piernas al aire de Juan, que a primera hora de la mañana parecía un valiente.


Nos abrigamos para descender. Bajamos por la cara sur, ahora toca disfrutar. Juan y yo recordamos de nuevo lo bien que se baja con 30-40 cm de nieve haciendo slalom, con la rueda de atrás derrapando de lado a lado.
Llegamos a la Fuente de la Reina, donde vemos que baja un hilo de agua, muy raro para esta época del año, pero suficiente para recargar las cantimploras.


Nos encontramos con un grupo de segovianos que vienen desde Navacerrada preparando el camino de Santiago en la vertiente segoviana. Se les ve alegres y divertidos, sobretodo divertidos. Unas fotos, nos despedimos y a buscar el camino de la acebeda.


Desde la Pradera de la Venta, a la izquierda sale una estrecha senda de bajada muy entretenida, hasta que damos con una pista forestal. A la izquierda nos adentramos en el pinar del río de la Acebeda, cruzamos un arroyo que todavía se puede atravesar sin mojarse, y aún nos queda subir un tramo que se atraganta por el rato que llevamos sin dar pedales.


Nos cruzamos con dos excursionistas que van a un buen ritmo, nos cuesta cogerles pendiente arriba. Nos indican el camino y ahora sí toca bajar... y vaya que bajamos... Esta zona es desconocida para nosotros, con una población de helechos que ha mudado su color al amarillo, destacando aún más en el verde pinar.


Como un camaleón, la senda que seguimos se transforma por el verde brillante de las hojas del acebo, salpicada por puntos rojos, aunque a no ser que pares, en las fotos no se puede apreciar y mis compañeros de ruta iban lanzados, recreándose con la bajada, bueno, Roberto cuidando la muñeca disfrutó algo menos. 
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Después de esta bajada empiezo a pensar que somos unos analfabetos de la Sierra, me siento como un crío de párvulos, que cuando empieza a juntar 2 letras piensa que sabe escribir (la M con la A, MA) y aún le queda por recorrer todo el diccionario, crear frases completas, enlazando palabras sobre una hoja en blanco para crear relatos, versos o escribir una canción. 
Así es nuestra SIERRA, como una hoja en blanco que en cada salida vamos conociendo, juntando sendas con caminos, pero hasta ahora sólo hemos escrito un par de líneas, queda mucha superficie por embadurnar con las huellas de nuestras bicicletas y seguro que mantienen la misma capacidad de asombrarnos que los cuatro caminos que ya conocemos. 

En esas estoy pensando, cuando Roberto dice que ha pinchado. Probamos a dar aire a ver si aguanta hasta casa, pero vuelve a perder aire en menos de 3 minutos. 




¿Habéis arreglado alguna vez un tubular? Pues nosotros tampoco. En principio no parece complicado, se desmonta, se quita la válvula se mete una cámara de válvula fina y a correr. Pues a nosotros se nos complicó por que la bomba con que dábamos aire (o al menos lo intentábamos) perdía y cada vez que dejábamos de meter presión la cámara se desinflaba. Cambiamos dos veces de cámara pensando que estaba pinchada, hasta que Juan sacó su mini-bomba y ya se sabe, más vale pequeñita y resultona...
El tema es que el líquido antipinchazos es una guarrada (encima es verde) y meter la mano para buscar el origen del pinchazo te convierte automáticamente en Hulk, menos mal que el río quedaba cerca.


Una vez arreglada la avería queríamos bajar por lo que los Kamorca llaman "la cuestaza", donde Angelín tiene récord mundial de velocidad. Es una gozada bajar por aquí, más despacio que los Kamorca, eso sí. Luego se enlaza con el camino de Santiago y pasas las flechas amarillas en dirección contraria. Desde aquí seguimos bajando hasta la venta de San Isidro, Pontón Alto y Trescasas.
De camino paro a tirar las últimas fotos del día sobre nuestra Sierra, el día ha sido espectacular y la ruta una pasada, en breve empieza el invierno, tendremos que repetir con nieve...








viernes, 5 de noviembre de 2010

Suave Lluvia de Otoño


"[...]Enfrente, la montaña. Pasa la nube inmensa; 
toda suya... todo suyo. 
Huracanes de vientos; lluvia andante semiparalela 
y en todo el monte funerales alegres, naturales, 
de hojas muertas [...]
Me alegro de la lluvia y me alegro del viento. 
Si tengo frío, me caliento; 
si tengo miedo, ¡Que no lo tengo!, 
susurro y pienso... y para mañana 
ya me he comido mi pequeña ración de esperanza."
Tres puertas. Poesía Básica. Manolillo Chinato





1 de Noviembre de 2010. Montesdeoca y compañía daban nubes sin lluvia para el "lunes-de-todos-los-santos", así que perdonamos al domingo de borrasca y lo convertimos en tarde de padelaco en la pista cubierta de La Granja.
El lunes nos las prometíamos felices, pero el amanecer nos guardaba la peor de sus caras: unas nubes que no levantaban y una lluvia incesante. Después de las gestiones telefónicas y una hora de cama más tarde, Juan da el pistoletazo de salida: en Segovia ya no llueve, a las 10.50 en la raqueta de Palazuelos.
Me visto, desayuno, cojo la bici. En Trescasas caen tres gotas. En cuanto pongo el pie en la calle comienza a caer con fuerza, desde la ventana Noelia me despide con el dedo índice girando en la sien. No se muy bien que me quiere decir, creerá que no estamos muy cuerdos por salir con la que está cayendo.




Las primeras pedaladas empiezo a echar de menos el calor de la cama y el abrazo de las sábanas, pero en cuanto rompo a sudar me alegra tener a Juan como la voz de la conciencia que nos empuja a hacer estas cosas. Llego tarde y en la raqueta no hay nadie, Juan y Roberto me esperan cobijados bajo unos árboles. Cogemos el camino de Gamones una vez más, sorteamos balsas de agua por un terreno que aún puede drenar más agua. Seguimos paralelos a la CL-601 para llegar cuanto antes al resguardo del pinar de Valsaín.
Desde el CENEAM seguimos al Corzo, que se adentra en su hábitat por los Praderones Altos para guiarnos por senderos desconocidos, de los que se disfrutan incluso con lluvia, con zonas donde cuesta avanzar por el barro que se acumula. Mucho cuidado con las raíces, Juan y yo ya hemos tenido un aviso por una pasarela de madera con complejo de pista de patinaje.

Con la bici a cuestas paramos a tomar algo junto a unos árboles estampados por el colorido que deja el otoño en sus copas.



Algo rápido y a seguir, no nos podemos quedar fríos. Ahora empezamos a descender por un camino que se transforma en río que atravesamos como pececillos, Roberto y su muñeca nos agradecen esta trialera. Nos estamos viniendo arriba, esto de mojarse tiene su gracia (siempre y cuando mantengas las manos y los pies secos). Terminamos la bajada en la CL-601, junto a la fuente de los dos caños.
Bajamos a saludar al Eresma. Nos cruzamos con un padre y su hijo que vienen de coger níscalos, llevan para una cena, no más.

En el puente de Navalacarreta cruzamos el río, embravecido por las nieves y aguas de los últimos días.


Desde aquí a Valsaín a ritmo, siguiendo la estela de Juan, salpicando en los charcos, poniéndonos de barro hasta las orejas. Ya no hay miramientos, ¡que tiemble la lavadora cuando nos vea llegar!


Todavía nos queda deleitarnos con las sendas de la cola del pantano y a casita. Ha sido un buen día, unos 40 kilómetros bañados por una suave lluvia de otoño.






jueves, 21 de octubre de 2010

Por la cuenca del Río Pirón


"El río Pirón sabe latín. El Pirón se sabe de corrido, con fluidez, la lista de las iglesietas románicas de Adrada de Pirón, Losana de Pirón, Peñarrubias de Pirón, Villovela de Pirón y de varias otras aldeas del somonte segoviano que llevan espejándose en sus aguas desde el siglo XII. Y así, de tanto repetirlas, ha bautizado un estilo: el románico del Pirón."
Bendito río. Andrés Campos



Domingo 17 de octubre de 2010. Hoy puedo dormir algo más, hemos quedado en Trescasas a las 9.30 Roberto, Juan, Axo y yo. LLegan Roberto y Juan que parece que van a robar un banco, eso sí, sin perder los colores corporativos. Yo he salido más reservón y con el frío amanecer me decanto por la colección invierno-invierno. Axo después de perjurar que esta sí, que tiene muchas ganas, que se va a recoger pronto... nos vuelve a dar plantón, otra que se pierde.
De camino a Sancristobal vemos unos buitres esperando que se despierten las térmicas que les permitan planear.


Hace frío,  el sol no termina de imponer su reinado y la sensación térmica es gélida. Roberto viene pidiendo guerra para entrar en calor y después del primer calentón, hacemos una parada en los Karts de La Higuera.




Según avanzamos, recorremos pistas que dan acceso a campos de cultivo ya recolectados, esperando en barbecho su próximo ciclo. Pasamos La Mata, Cantimpalos, las nubes dejan paso a un cielo de un azul veraniego, pero la temperatura aún se resiste a hacernos sudar.


Cruzamos el río por un puente que amenaza ruina a nuestro paso, pero se mantiene. Recordamos nuestro paso por este mismo puente con ocasión de la Marcha del Torto, donde alguien se inventó la bici submarina. Sólo de pensar meter un pie en el agua hoy, da escalofríos.



Había hablado con Juan que la llegada del otoño parece que se retrasa y probablemente no disfrutaríamos del mismo paisaje que recorrimos con Dani un año atrás, pero el Corzo no tenía duda de lo que nos aguardaba. Pasamos Peñarrubias. Ahora nos adentramos en el valle del Pirón, rodeados de encinas, robles y fresnos, en plena metamorfosis. Cambian su colorido del verde al amarillo y han tejido una alfombra de hojas secas para recibir al otoño. El camino se estrecha y adentrarse con la bici por estos senderos es un lujo y un placer. Nos cruzamos con una familia y sus críos haciéndose fotos .
- Hay que traerse la bici aquí - dice la madre. 
- Hay que venirse con la chicas a pasear por aquí - pienso yo...





Hacemos parada y fonda junto al puente medieval de Covatillas (siglo XVI). Desde aquí se respira tranquilidad. La temperatura sube y ha quedado un día espléndido. Unas galletitas y algo de fruta para digerir los próximos kilómetros. Podríamos quedarnos allí a echar la siesta, pero tenemos que seguir.





Juan aprovecha para llenar el bote en la fuente de Covatillas con un agua que surge del manantial y que se recoge en un azud, dando salida al agua por la boca de leones esculpidos en la piedra.



Continuamos por la parte más tupida de la ruta, con un divertido tramo donde las ramas nos obligan a ir tumbados sobre la bici. Las primeras hojas caídas de los árboles ya cubren buena parte del suelo y hacen que  la sensación de caminar entre árboles justifique cada pedalada para llegar hasta aquí.




Ahora el paisaje cambia, el río baja prácticamente seco, pero a lo largo de los años ha ido excavando un cañón singular. La planicie que ha quedado sirve ahora de pasto para el ganado.También se han formado cuevas, como la cueva de La Vaquera, o la ermita de Santiaguito que es en realidad una cueva.
 

Cruzamos un puente y comienza el otro alto de la etapa, una subida fuerte por una camino descarnado que supone la parte más técnica de la salida de hoy, nada importante, hasta llegar a Losana de Pirón.
Desde aquí a Brieva no nos queda más remedio que rodar por carretera, se notan los kilómetros y tampoco es cuestión de investigar. Vamos pensando en los huevos que van a caer en el Bar el Tío Honorio.
Volvemos a la Higuera y seguimos por pista hasta Torrecaballeros. Este tramo está hecho para rodar fuerte, pero siempre lo hago con la reserva encendida y se me atraganta.


Cuando llegamos al Honorio se nos cae un mito: al otro lado del cristal translúcido una hoja escrita a boli anuncia el cierre por vacaciones. Vamos al Bar los Pintos donde una risueña camarera nos planta sus platos combinados, de los que damos buena cuenta en un periquete. A mi me quedan 600 metros a casa, pero dar pedales me cuesta una barbaridad. Menos mal que Juan y Rober van cuesta abajo...



lunes, 18 de octubre de 2010

La portera-somier

No pondré en esta ocasión la localización de esta portera, porque este tipo abunda por las sendas segovianas y las podréis encontrar en cualquier rincón (además no marqué el waypoint).

Desde mucho antes de que la cultura del reciclaje se puesiera tan de moda, la portera-somier era un clásico para dar acceso a fincas con ganado. Siempre hay alguien que lleva al extremo el reaprovechar, y cuando el somier del crío se queda pequeño, se ata a la cerca para que haga de puerta y no se escape el ganado.



Estas porteras son cómodas de manejar, pero tienen un inconveniente: se oxidan con mucha facilidad y se convierten en peligrosas hojas de acero oxidado.


jueves, 30 de septiembre de 2010

Go and come por la Cueva del Monje

GO-AND-COME. Para miles de universitarios segovianos este término les tiene que resultar familiar. En la jerga que gastamos en mi grupo de amigos el "go_and_come" viene a ser el viaje de ida y vuelta a Madrid que diariamente realizábamos adormilados en autobuses de Horizonte Cultural para ir a estudiar en alguna de las muchas facultades madrileñas.
Ir y volver. Estas tres palabras encierran cientos de horas de viajes, miles de kilómetros soñando, de madrugones y carreras, de anécdotas, de sábanas pegadas, del frío segoviano de la madrugada, de autobuses llenos, de autobuses perdidos...




Sábado 25 de septiembre. La semana pasada no salimos y para esta tampoco hay mucho plan, Juan enclaustrado y yo tengo que volver pronto a casa. Llamo a Roberto a ver si se viene a dar una vuelta y en seguida se anima, así que quedamos a las 9.00 en la raqueta del pantano, toca madrugar.
Al salir de casa el cielo está despejado, pero la temperatura no es la misma que 15 días atrás. No veo al grajo, pero hace un frío intenso. He tenido que desempolvar la chaqueta y en cuanto doy 4 pedaladas, mis dedos a la intemperie añoran unos guantes largos.

Roberto también ha estrenado el maillot largo, parece que ahora sí ha empezado el otoño. No le diremos nada a Juan a ver si el próximo fin de semana aparece en pantaloncillos cortos y maillot de verano.


Tenemos que estar en casa a las 12, decidimos tirar hacia la Cueva del Monje y bajar por la fuente del ratón. Para ir entrando en calor nos metemos por el camino de la cacera de Gamones, donde tenemos que liberar el camino de una manada de caballos que pastan a sus anchas. En La Granja nos olvidamos de la sensación térmica y nos adentramos por los pinares del Real Sitio, sin abandonar la pista asfaltada y subiendo entre sol y sombras. Al llegar a la Cueva del Monje ¿qué hacemos? vamos bien de hora así que seguimos subiendo.



 Nos encontramos con una pareja de bicicleteros: el padre que ha engañado a su hijo de unos 12 años para "dar un paseo", se les ve disfrutar y sufrir, más lo primero que lo segundo.
Ahora las sombras ganan la partida y dejan en tinieblas al astro rey.


Sin darnos cuenta llegamos al punto de no retorno. A partir de aquí o terminamos en el puente de la cantina con posible llegada posterior al toque de queda o nos damos la vuelta y volvemos por donde hemos venido. Pues como somos unos mandados volvemos por donde llegamos, que encima a Roberto le espera una entretenida mañana pucelana.


Un pequeño desvío para adentrarnos por un robledal que deja visible un estrecho camino divertido, la única diferencia con nuestro camino de ida.


La vuelta por La Granja, carril bici, pantano, tú a Palazuelos y yo a Trescasas.


Pues ahí terminó nuestro día, un "go and come" por la Cueva del Monje de 40 y tantos kilómetros y a las 11.45 en casita a cumplir. Bastante tranquilillos y ya de pre-temporada.





miércoles, 22 de septiembre de 2010

Una vuelta por Festibike

Estamos perdiendo la poca forma que tenemos.
Entre bodas, bautizos y otras celebraciones, el inicio de temporada se está haciendo esperar.

El fin de semana en que la vuelta llega a Segovia-Madrid suele coincidir con la celebración de Festibike, no se si lo hacen queriendo los malditos.
Coincidí allí con Juan el sábado gracias a unas invitaciones, fuimos a dar una vuelta para palpar el ambiente y llegamos con los últimos participantes en la marcha, que por lo visto en la numeración de los dorsales tuvo que ser multitudinaria.
Teníamos prisa y no disponíamos del tiempo necesario para disfrutar de la feria. Había que ver el ya mítico final de etapa de la Vuelta.
Nos detuvimos en el stand de Scott viendo a la "genio".


También vimos algún genio del dirt en época de aprendizaje. El aterrizaje lo hacían sobre un mega colchón de aire, aún así se veía mucha destreza e intentaban aterrizar de pie o "de pies" como se diría en Segovia.


Las Cube y MMR también eran centro de atención


En resumen, disfrutamos de Festibike, el día de la fiesta de la bici en un Madrid amenazado por la lluvia que nos  respetó