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lunes, 4 de abril de 2011

La montaña rusa o la cuerda de la Atalaya

La cuerda de la Atalaya. Siguiendo la pista que se inicia en el pico de la Atalaya visible por las rodadas, se puede montar sobre las dos vertientes de un sistema montañoso formado por los cerros de las Cardosillas, Peñas Lisas, Cerro de las Posiciones, La Abierta y Cerro de Valmesado.

Como el principal vínculo para una reunión es el gastronómico, estaba organizada para el grupo de amigos una barbacoa de Bienvenida a la Primavera y había que estar pronto de vuelta en casa para preparar las ascuas. La Primavera sin embargo no se dio por aludida y faltó a la cita.

Sábado 02 de abril de 2011. Primeras pedaladas de estreno y preparación para la Calamares. De camino a Palazuelos, punto de encuentro para hoy, tengo de frente la Sierra con unas nubes raras tirando a apocalípticas.



A mi izquierda tengo la Atalaya inundada por el sol, clara vencedora y casualidades, nuestro objetivo para hoy.



Juan llega luciendo piernas, esculpidas a golpe de zancada en la Media Maratón y luce también bici nueva, esculpida a base de talonario.


Aquí el que os escribe también está de estreno. Ya os voy desmintiendo los rumores de la posible expulsión del equipo por no cumplir con la equipación reglamentaria ni lucir los colores corporativos en el cuadro. Soy el administrador del blog y tengo las claves, así que espero vayáis cambiando todos al negro y verde pistacho.


Ya con los pies en los pedales, el Timinkankaka es el primer río que cruzamos y si no lo veo no lo creo: Juan saltando para no enguarrinar la bici, el Corzo no se quiere manchar las pezuñas.


Tenemos que ir buscando otro camino de subida, porque este está lleno de porteras. Por cierto me apunté una nueva: la portera-burladero.


Roberto también estrena. En su caso una camelback, quiere ir probando sensaciones para ver si aguantará 90 km, la falta de costumbre.


Empiezan los primeros repechos y todos en fila india detrás de Rober. Mis primeras sensaciones subiendo con la Stumpjumper FSR: no se nota la amortiguación trasera gracias al mini-brain, sólo donde hace falta, en los baches y piedras la amortiguación entra en acción y sin perder tracción continuo subiendo aprovechando la pedalada.


Hoy no hacemos cumbre, que hace mucho aire y en la antena nos damos la vuelta para no quedarnos fríos.


Y comienza nuestra particular montaña rusa: baja para coger impulso y con la fuerza de inercia y tirando de riñones sube hasta donde el terreno te permita. En el cerro de las Cardosillas el terreno no era propicio.




Pero las vistas te recompensan el esfuerzo. Hay algo de niebla pero se ve que el verde ya ha ganado la partida.


Y otra vez a bajar. Aquí la doble suspensión es donde se deja notar, sueltas freno y el camino de cabras se convierte en una autopista, te deslizas sobre piedras, baches y zanjas.




Bajando hacia la cañada Real nos encontramos con un guarda, que nos advierte que están al rececho del corzo y que no podemos pasar. ¡Antes de dar la vuelta preferimos un tiro! El otro Corzo tira de artes persuasoras para continuar bajando, pero nos cuesta convencer al buen hombre.


Seguimos bajando, disfrutando de la bajada hasta que se me cruza una liebre asustadiza que me obliga a frenar y 500 metros más adelante un bicho que mis ojos de ciudad no habían visto nunca. Un gato enorme con el rabo a rayas gris y pardas, que resultó ser un gato montés.

- ¡He visto un lince!, ¡creo que era ibérico!
Una vez en la cañada y con el viento en contra, a formar en fila india evitando rodadas, cruzando rios desbordados y algún que otro barrizal hasta Trescasas.
Un bañito a las bicis... 


...para quitarlas el barrillo y que luzcan de nuevo hasta mañana...


...Y a encender el fuego, que la carne necesita calor.

- Más madera!!
Y al final unas buenas chuletas rodeados de buena gente. Felicidades Fer!!








miércoles, 12 de enero de 2011

Póquer de ases en la Atalaya


"El cerro de La Atalaya o Torreiniesta. Está situado en las proximidades de Trescasas y La Granja. Es un elevado cerro cónico, pardo y pelado, debido a la tala y sobrepastoreo que en el s. XVIII se realizó por encontrase fuera de los límites de los bosques que CarlosIII adquirió para colmar sus necesidades cinegéticas.
Pontón, Santa Cecilia y la Atalaya de fondo
 Su nombre deriva de una torre árabe de atalaya que se supone haber existido en su cúspide durante la dominación morisca. En la actualidad, junto al pico de la Atalaya existe una torre de comunicaciones plagada de antenas y repetidores."
El sábado estuvimos de cumpleaños (Felicidades Susi!!) y la timba se alargó hasta altas horas de la madrugada, así que cambiamos el madrugón por un poco más de tiempo en la piltra, para estar a las 10.30 en el submarino y no volver muy tarde a comer.


Domingo 09 de enero. El día amaneció despejado sorprendentemente. Los puntuales Juan de picas y Dani de rombos me estaban esperando al otro lado de la presa y Roberto de corazones apareció más tarde tras dar su vuelta de reconocimiento en la rotonda del submarino.

- ¿Nos hacemos una Atalaya?
El cielo azul sobre nuestras cabezas y alguna nube perezosa en las cumbres de la Sierra. Las cartas estaban sobre la mesa, Roberto propone la Atalaya y Dani de rombos decide ver la apuesta, ¡sí señor! no lleva buena mano pero decide arriesgar.
Juan y yo pensamos que vamos a tener algo de viento y mucho barro, pero con el día que hace no importa mancharse un poco. Otra vez, vuelta al pantano, raqueta de Palazuelos y a seguir el camino que sube lentamente pero sin descanso a la Atalaya.


Salen a nuestro encuentro unos perrillos, pero van en son de paz, no hace falta apretar el paso. Empezamos a descubrir que han arreglado el camino, (shhhh! no se lo digáis a nadie) imagino que para acceder a la antena de TV y resulta más fácil avanzar.


El paisaje va ganando en atractivo también. El invierno ha dejado su matiz de colores, con blancos en la cumbres nevadas, tonos pardos en las faldas despobladas, el verde de los pinares de Valsaín y rojizos de los helechos secos.


El camino está húmedo pero no con el barro que imaginábamos, el terreno es firme y casi sin charcos, que según ha estado lloviendo no nos lo esperábamos.


Comenzamos el tramo de ascensión en grupo, a Dani se le ve fuerte, no va de farol, hasta ahora no ha metido el molinillo y nos sigue sin problemas, pidiendo más ritmo de vez en cuando, se le empieza a notar las 4 salidas que lleva, que cada vez que se viene le exprimimos al máximo.
Por aquí también han arreglado el camino y ya no es la plantación de piedras y ñuscos que la erosión del agua ha ido descubriendo tiempo atrás, se podría decir que subimos por una autopista pero sin pagar peaje.
Y con el as que se guardaba Dani en la manga llegamos al pico de la Atalaya, desde donde disfrutamos de las vistas de Segovia y provincia, gracias al cielo casi descubierto que nos ha regalado el día.


Es hora de reponer lo perdido, comemos resguardados del viento, aunque la verdad no hacía tanto aire como nos esperábamos, así que disfrutamos de los rayos de sol que nos calentaron mientras engullíamos.



Las fotos de rigor en la cota más alta, desde donde las vistas son más espectaculares.

No estás mal de la vista y ves puntos borrosos, es que se empañó el objetivo...


Unas meadillas y a prepararse para disfrutar de la bajada. Casi no hace falta pedalear y según esta el firme se deja embalar la bici más de la cuenta. Volvemos por donde vinimos, esta vez  nos desviamos hacia el rancho de la Tejera, desde donde comienza la guerra del agua entre Juan y yo. El juego consiste en pasar o saltar en marcha sobre los charcos para mojar al adversario, siempre y cuando el otro se moje más que tú, has puntuado. La cosa quedó en tablas, pero nos pasamos unas risas y de paso probé mis calcetines Sealskinz, que pasaron la prueba con nota: zapatilla calada y pies secos.



jueves, 8 de abril de 2010

Domingo de Resurrección

Habíamos quedado en salir el domingo por la tarde, aprovechando que el lunes algunos alargamos la Santa Semana. El plan era probarse y subir a nuestra querida Atalaya y según nos encontrásemos bajar por un lado u otro. Quedamos a las 16.00 en Palazuelos.


A las 15.00 estaba empezando a comer algo ligerito (plato único: bloque de lasagna) y a las 15.35 estaba en casa de Juan, donde se dió el plantón del día. Dani se lo había pensado mejor y prefirió que sus jugos gástricos actuaran durante la siesta. Salimos hacia Palazuelos en busca de Roberto por un camino junto a las destilerías del DYC que Juan me presentó y que ya tenía ganas de conocer. Terminamos de subir hasta el pueblo con la nariz impregnada en maltas y destilados y con la lasaña asomando por la garganta. Recogemos a Roberto y ponemos rumbo a la cañada Real por el Camino de Trescasas. Subimos tranquilos mientras Roberto nos cuenta cómo estaba organizado el ciclismo aficionado segoviano en su época de corredor hasta que pasamos la primera portera y Juan nota que ha pinchado. Lleva cámara con líquido sellante pero preferimos cambiar la cámara para ir más rápido. Nos cuesta más de la cuenta inflar la maldita válvula fina pero conseguimos meter la presión necesaria para continuar subiendo.
Siguiente portera, nos saludan 2 perracos. No parecen ladradores así que con más miedo que confianza lidero el grupo en busca del primer sprint para atraer su atención, pero no es necesario, sólo quieren jugar y nos saludan con alegres carreras. Vamos pasando porteras casi una por cada 400 m, hasta que llegamos al primer tramo exigente. Noto que Juan sube con dificultades y planteo cambiar la ruta. Tres no suben si uno no quiere y al parecer ninguno de los "2 tíos machacados y 1 reventado" dicen esta boca es mía. La subida es larga pero tendida, por un terreno firme por el que un interminable rastro de agua desciende pausado, empapando el terreno y escapando de las alturas. Noto que Juan se descuelga y me quedo con él para hacerle la subida como tantas veces ha hecho él conmigo. Roberto sigue a un ritmo más alegre y le vemos disfrutar, recuperando antiguas sensaciones sobre la bici. Llegamos a un tramo más llano y recuperamos, nos recreamos con la tarde que hemos escogido: un cielo despejado en el que reina un sol primaveral vencedor de las bajas temperaturas.
Llegamos a la cuerda de la montaña donde la pendiente se dispara para reunirse con la cota más alta unos 500 metros más adelante. Dejo a Juan, que se ha recuperado y termina la primera rampa a buen ritmo y busco la estela de Roberto que empieza el Mortirolo a golpe de riñón y con plato pequeño. Es una subida dura pero con dotes de escalador y sin despegar el trasero del sillín Rober consigue coronar en primer lugar sin problemas.
Llega Juan y vemos a un valiente que se lanza con su parapente al vacío y al rato trata de elevarse buscando unas corrientes que no parece encontrar. Subimos al punto más alto de la Atalaya, Juan parece el de siempre y llega corriendo. Las vistas desde este punto son inolvidables, empapo mis retinas con un paisaje que espero recordar durante la semana que me espera sentado frente a un ordenador, con vistas al tráfico de la N-II como mayor atractivo.



Unas fotos y bajamos con tranquilidad, Roberto puede probar la mordida de sus nuevos frenos de disco y la suavidad de la horquilla. Descendemos sin problemas, contagiados por la alegría que transmite la primavera, cruzando charcos y riachuelos. Llega el postre que tengo preparado:

bajada hasta el rancho de la Tejera campo a través hasta dar con el camino de la cacera Gamones, que se ha convertido en un barrizal por el que avanzamos a duras penas en una divertida lucha contra los elementos. Se ha hecho tarde y nos lanzamos por carretera hasta Palazuelos. La vuelta a Segovia por el mismo camino que me ha presentado Juan, donde nos cruzamos con un pescador que va escuchando la radio -"¿Cómo va el Madrid?" -"0-1 gol de Ronaldo". Llegamos a casa empapados en barro y satisfechos con nuestro festín bicicletero.