La cuerda de la Atalaya. Siguiendo la pista que se inicia en el pico de la Atalaya visible por las rodadas, se puede montar sobre las dos vertientes de un sistema montañoso formado por los cerros de las Cardosillas, Peñas Lisas, Cerro de las Posiciones, La Abierta y Cerro de Valmesado.
Juan llega luciendo piernas, esculpidas a golpe de zancada en la Media Maratón y luce también bici nueva, esculpida a base de talonario.
Ya con los pies en los pedales, el Timinkankaka es el primer río que cruzamos y si no lo veo no lo creo: Juan saltando para no enguarrinar la bici, el Corzo no se quiere manchar las pezuñas.
Tenemos que ir buscando otro camino de subida, porque este está lleno de porteras. Por cierto me apunté una nueva: la portera-burladero.
Roberto también estrena. En su caso una camelback, quiere ir probando sensaciones para ver si aguantará 90 km, la falta de costumbre.
Empiezan los primeros repechos y todos en fila india detrás de Rober. Mis primeras sensaciones subiendo con la Stumpjumper FSR: no se nota la amortiguación trasera gracias al mini-brain, sólo donde hace falta, en los baches y piedras la amortiguación entra en acción y sin perder tracción continuo subiendo aprovechando la pedalada.
Hoy no hacemos cumbre, que hace mucho aire y en la antena nos damos la vuelta para no quedarnos fríos.
Y comienza nuestra particular montaña rusa: baja para coger impulso y con la fuerza de inercia y tirando de riñones sube hasta donde el terreno te permita. En el cerro de las Cardosillas el terreno no era propicio.
Pero las vistas te recompensan el esfuerzo. Hay algo de niebla pero se ve que el verde ya ha ganado la partida.
Y otra vez a bajar. Aquí la doble suspensión es donde se deja notar, sueltas freno y el camino de cabras se convierte en una autopista, te deslizas sobre piedras, baches y zanjas.
Bajando hacia la cañada Real nos encontramos con un guarda, que nos advierte que están al rececho del corzo y que no podemos pasar. ¡Antes de dar la vuelta preferimos un tiro! El otro Corzo tira de artes persuasoras para continuar bajando, pero nos cuesta convencer al buen hombre.
Seguimos bajando, disfrutando de la bajada hasta que se me cruza una liebre asustadiza que me obliga a frenar y 500 metros más adelante un bicho que mis ojos de ciudad no habían visto nunca. Un gato enorme con el rabo a rayas gris y pardas, que resultó ser un gato montés.
| - ¡He visto un lince!, ¡creo que era ibérico! |
...Y a encender el fuego, que la carne necesita calor.
| - Más madera!! |
Salimos hacia Palazuelos en busca de Roberto por un camino junto a las destilerías del DYC que Juan me presentó y que ya tenía ganas de conocer. Terminamos de subir hasta el pueblo con la nariz impregnada en maltas y destilados y con la lasaña asomando por la garganta.
Recogemos a Roberto y ponemos rumbo a la cañada Real por el Camino de Trescasas. Subimos tranquilos mientras Roberto nos cuenta cómo estaba organizado el ciclismo aficionado segoviano en su época de corredor hasta que pasamos la primera portera y Juan nota que ha pinchado.
Lleva cámara con líquido sellante pero preferimos cambiar la cámara para ir más rápido. Nos cuesta más de la cuenta inflar la maldita válvula fina pero conseguimos meter la presión necesaria para continuar subiendo.
Noto que Juan sube con dificultades y planteo cambiar la ruta. Tres no suben si uno no quiere y al parecer ninguno de los "2 tíos machacados y 1 reventado" dicen esta boca es mía. La subida es larga pero tendida, por un terreno firme por el que un interminable rastro de agua desciende pausado, empapando el terreno y escapando de las alturas.
Noto que Juan se descuelga y me quedo con él para hacerle la subida como tantas veces ha hecho él conmigo. Roberto sigue a un ritmo más alegre y le vemos disfrutar, recuperando antiguas sensaciones sobre la bici. 
Llegamos a un tramo más llano y recuperamos, nos recreamos con la tarde que hemos escogido: un cielo despejado en el que reina un sol primaveral vencedor de las bajas temperaturas.